Entre los olivares de Porcuna se esconden pequeñas construcciones que han formado parte del paisaje rural durante generaciones. Son las chocicas de piedra seca, refugios levantados por agricultores utilizando únicamente las piedras extraídas del propio terreno y una técnica constructiva transmitida de padres a hijos durante siglos.
Estas construcciones nacieron de una necesidad muy concreta: ofrecer cobijo durante las largas jornadas de trabajo en el campo. Sin embargo, con el paso del tiempo se han convertido en mucho más que simples refugios. Hoy representan una parte esencial de la historia, la cultura y la identidad de nuestro municipio.
Lo más sorprendente de las chocicas es su sistema constructivo. Fueron levantadas sin utilizar cemento, yeso ni ningún otro material de unión. La estabilidad de la estructura depende exclusivamente de la correcta colocación de las piedras y del equilibrio entre ellas. Esta técnica, conocida como piedra seca, requiere una gran habilidad y un profundo conocimiento del material.
Las piedras más grandes se utilizaban para formar la base y los muros, mientras que la cubierta se cerraba mediante un ingenioso sistema denominado "achicamiento", que consiste en ir aproximando las hiladas de piedra hasta cerrar completamente el techo. El resultado son construcciones resistentes que, en muchos casos, han permanecido en pie durante décadas.
Pero la piedra seca no se utilizó únicamente para construir chocicas. En Porcuna también encontramos esta técnica en cercados, paredes, arcos, escaleras, bancales, pozos, fuentes, corrales y eras, elementos que han contribuido a modelar el paisaje agrícola que conocemos hoy.
La importancia de este conocimiento tradicional fue reconocida internacionalmente en 2018, cuando la UNESCO declaró el arte de la construcción con piedra seca Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Un reconocimiento que pone en valor una forma de construir sostenible, respetuosa con el entorno y profundamente ligada a la vida rural.
Conservar y difundir este patrimonio es una forma de mantener viva la memoria de quienes trabajaron nuestra tierra antes que nosotros. Porque detrás de cada chocica hay una historia de esfuerzo, ingenio y conexión con el paisaje que sigue definiendo el carácter de Porcuna y de su olivar.
Fuente: "Las chocicas de piedra seca de Porcuna", de Juan Carlos Gascón y Rafael Merino.



















