OBRA SOCIAL Y CULTURAL.


Aceites San Benito, es la mayor entidad económica de Porcuna, con un marcado carácter social, y como tal está comenzando a dedicar atención a colectivos sociales y culturales de la localidad.

La Cooperativa ha ayudado con una aportación económica a la Residencia de Ancianos de Porcuna.

Igualmente se ha ayudado a la restauración de la Parroquia la Asunción de Porcuna con motivo de su centenario.

La Cooperativa y sus socios están comenzando a participar en actos de promoción de sus productos, patrocinando eventos, donde el aceite impregna a la Cultura y ayuda a reforzar la identidad cultural.

Otro ejemplo sería la Exposición de Pintura de Carla Duval, la hermana de Norma Duval, oriundas ambas de Porcuna, en Madrid a beneficio de la Asociación Española contra el Cáncer.

En 2011 Aceites San Benito también ha patrocinado un folleto de divulgación realizado por la sociedad científico-arqueológica ARQVIPO sobre la Iglesia y Priorato de Señor San Benito de Porcuna, inscrita como Bien de Interés Cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz en 2008, un conjunto de edificios y de restos singulares en el Patrimonio Histórico y Cultural de Andalucía, siendo la iglesia en culto más antigua de la comarca de la Campiña.

Entre 2010 y 2012 la Cooperativa San Benito ha patrocinado en las Ferias del Aceite de Porcuna, tres exposiciones anuales sucesivas, organizadas por ARQVIPO, el Grupo de Arqueólogos e Investigadores de la Historia de Porcuna, sobre los sistemas de trabajo tradicionales en Porcuna y su comarca: “La recolección tradicional de la aceituna”, en 2010, “El cultivo tradicional del olivo”, en 2011, y “La extracción tradicional del aceite”, en 2012.

Los textos, fotografías y enseres de dichas exposiciones han conseguido resumir la historia contemporánea de los trabajos vinculados con la aceituna, el olivo y el aceite en el pasado siglo XX.

Las exposiciones son el uso histórico y etnográfico de imágenes, enseres, memorias, vocabulario, etc. con fines docentes y didácticos. Han pretendido ser un acercamiento de la Arqueología Antropológica y Etnológica, que se resume en la palabra “tradicional” porque recupera la historia reciente de los modos de vida y trata de fijar la identidad cultural de Porcuna y sus gentes en lo referente a la “cultura del olivo”.

A continuación resumimos muy brevemente el contenido de las tres exposiciones que ilustran la historia del siglo XX.

La recolección tradicional de la aceituna (2010).
El cultivo del olivo en Porcuna se remonta al menos a Época Romana, combinado con otros recursos agrarios: cereal, leguminosas, vid, etc. continúa en Época Medieval Musulmana, Cristiana y Moderna y las fuentes escritas señalan su importancia.
A finales del siglo XIX el olivar comienza a extenderse progresivamente hasta que en las postrimerías del siglo XX el término de Porcuna se convierte en un monocultivo.
Este periodo de poco más de un siglo cuando las grandes propiedades se van dividiendo, cuando el labrar con bueyes es sustituido por los mulos, cuando Porcuna crece demográfica y socialmente, se va plantando el olivar y los cortijos se transforman en caserías, cambiando el paisaje porcunero.
Fue el tiempo de las generaciones inmediatas que nos precedieron, las de nuestros padres y de nuestros abuelos.
Esta exposición fue describiendo las distintas labores que hacían las personas de las cuadrillas a lo largo de la jornada de trabajo: La llegada al tajo de los trabajadores discurriendo las frías mañanas de invierno por los caminos. El almuerzo que entonces se tomaba en el tajo al pie del chisco, abiertas las ganas con la caminata y consistente principalmente en algo asado: torreznos o similar. El fardeo primero tendiendo numerosos fardos de tela por olivo, más recientemente con los fardos de malla. El vareo con los hombres golpeando los ramones cargados de aceituna. La cogiura del suelo con las mujeres hincadas de rodillas recogiendo pulseada y, si el suelo y la hierba lo permitían, rebañando la aceituna caída. El esporteo cuando se trasladaba la aceituna recogida en las espuertas al cargaero o escargaero por las personas con más rigor. La limpia que era una criba donde se le retiraba la suciedad (tierra, hojarascas, cobollos, etc.)
 a la aceituna. Una vez curiosa la aceituna se envasaba para llevarla al molino. La merienda se tomaba después de al mediodía y consistía en un hoyo –pan y aceite, con aceitunas, bacalao, huevo duro, queso, chorizo...– y de postre una naranja, una tajá de melón, etc. A puestas de sol se echaba el Cristo, cargando la aceituna para el acarreo al molino a lomos de las bestias de carga y la vuelta de las personas al pueblo o a la casería. El último día se hacía el remate, a veces con el ritual del pañuelo, se hacía una fiesta, panzá de perol de carne y abundante vino amontillao, cante y baile hasta hartarse para celebrar el fin de un ciclo. Después que daba la rebusca, a recoger las cuatro aceitunas que se quedaban atrás, para sacar unos ingresos extraordinarios.

El cultivo tradicional del olivo (2011).


En el campo de antaño hubo cosas que cambiaron muy poco con el trascurso del tiempo, por ejemplo, los sistemas de cultivo de la triada mediterránea: olivo, vid y cereal, a los que hay que sumar los característicos barbechos de legumbres: garbanzos, habas, lentejas, etc., que se han sembrado en estas tierras probablemente desde el origen de la agricultura en el Neolítico, hace unos siete mil años.
Las bases sociales apenas cambiaron durante cientos de años, la gran mayoría que no tenía propiedades y eran asalariados, jornaleros o peoneros; los pequeños propietarios, pujareros, aparceros, pelayos, etc.; los capapardas, medianos propietarios o labradores y los latifundistas, grandes propietarios o señoritos. La evolución y el movimiento social son más complejos y responden a los conflictos y avatares pasados que han desembocado en la sociedad actual.
El campo se labraba con esmero por necesidad, pues con medios rudimentarios se le arrancaban a la naturaleza los frutos para la subsistencia.
La convivencia con la naturaleza era rigurosa, pero sana y equilibrada, pues se manipulaba con respeto y en la medida de la necesidad. La guerra estaba declarada a la hierba y a las plagas: las cigarras, la palomilla, el tizón, etc., que podían arruinar una cosecha ocasionando la temida hambre.
El duro trabajo tenía las pautas marcadas por el ciclo de las estaciones y el clima. El reloj era el sol, y no faltaban la luna y las estrellas. La prisa no se conocía y el buen hacer y la constancia eran la medida de todas las labores.
En los olivares el trabajo durante el año era parcial y se complementaba con las labores de las tierras calmas y antaño con la vid.
Esta exposición se divide en varios bloques, que a su vez engloban tres aspectos: los procesos, los agentes o personas y los medios productivos o animales y enseres: La corta o la poda de los olivos con los cortaores a golpe de hacha saneando y echando frailes y pelones. Los palos y el ramón eran los productos de la corta muy estimados como combustibles de hogares y hornos o como alimento para el ganado caprino. Si no se utilizaba se quemaban en chiscos en mitad de una clara. La arancía de los olivos, el alce, la bina y la tercia la hacían los muleros con sus yuntas y arados y antes los gañanes con sus bueyes. La cava realizada por los peoneros o pujareros azaón en mano, dando hasta tres labores: cava abierta, arrope y manoteo. Las otras labores, realizadas en tiempos de verano y otoño con el pato y el rodo. O el trabajo excepcional de la siembra manual de olivos nuevos. El estierco o los excrementos de los animales de labor y del corral que eran llevados a olivares como el principal abono. Las varetas, los brotes tiernos de los olivos que se retiraban a hachuela y aserruche en un trabajo conocido como esfareto o desvareto. El sulfato empezó a mediados del siglo XX comenzando a tratar con productos químicos las epidemias de insectos u hongos del olivar. Los quehaceres en tiempos quebrados eran complementarios para obtener algún beneficio o mejorar el cultivo: encalo de los olivos, recogida de piedras, desastillado de olivos viejos, resacado de grama, etc. Hacer los suelos era la manera de preparar el panete o enjuma del olivo para la recogida de la aceituna caída, quitándole hoyos y terrones a base de grada y manoyerro.

La extracción tradicional del aceite (2012).


El aceite está omnipresente en nuestra Cultura, paliando hambre y enriqueciendo mesas: pringando el pan, aderezando verduras, engrasando guisos, suavizando dulces... Con grandes aplicaciones en la salud e indispensable en la iluminación antigua, su luz servía hasta para rogar a los santos o los difuntos.
Es referido por historiadores y viajeros como uno de los productos principales de Porcuna, aunque las escalas de producción no tuvieran nada que ver con las actuales.
La obtención del aceite era un trabajo pautado y duro de molineros que con la industrialización pasó a obreros infatigables en largos turnos que aplicaban la fuerza y el tesón para obtener un bien preciado. Mejor reconocido que el campo, pero nunca lo suficiente.
Esta muestra se estructura en varios bloques, que a su vez engloban tres aspectos: los procesos, los agentes o personas y los medios de producción o animales, enseres y máquinas: El molino aceitero o fábrica de aceite con las instalaciones y personas para el proceso. Acarreo al molino, medida o pesaje con la llegada al molino de las bestias cargadas, su descarga, pesando la aceituna o midiéndola al ir a molerla. La molienda o triturado de la aceituna en un moledero compuesto por rulos giratorios sobre una solera, que reducían el fruto a una masa. El atroje como almacenamiento temporal de la aceituna que no daba abasto a procesar diariamente, para hacerlo los días que no entraba fruto por estar lloviendo o haber finalizado la recolección. La prensa era un sistema primero de máquinas simples, luego hidráulico, para exprimir la masa depositada en capachos expulsando el jugo. La separación del aceite mediante su decantado en baterías de pozuelos en el jugo por densidad se separaba el aceite del agua o alperchín. La bodega donde se guardaba el aceite en tinajas y depósitos metálicos para su clasificación y venta. Orujos y alperchines, el primero era el subproducto sólido vendido a las orujeras para desgrasar los restos de aceite para uso industrial o refinarlo, utilizado como combustible, pienso de animales, etc. El alperchín o jamila era el residuo líquido castrado en la jamilera del molino o fábrica y luego por los turbieros en sus improvisadas charcas para obtener hasta el mínimo de la grasa: turbios o aceitón. Era también utilizado puntualmente como herbicida. El aceite. Medidas y transporte. Al ser un producto específico tenía sus medidas en arrobas y libras: la media arroba, el cuartillo, la panilla, etc. Transportado en cántaras de hojalata, pellejos o cueros, petrolinas o bidones... dependiendo de si iba al ánfora de la casa o al mercado. El aceite. Bien de consumo. Preciado para las personas en salud y en la economía de Porcuna y su comarca.

En 2013 la Cooperativa está trabajando en el respaldo económico al proyecto de la restauración de las cubiertas de la Iglesia de Nuestro Padre Jesús de Porcuna, uno de los templos más importantes del Barroco de la Alta Andalucía.